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domingo, 29 de diciembre de 2013

LOS SETENTA - La última película


TÍTULO ORIGINAL: The Last Picture Show
AÑO: 1971
DURACIÓN: 118 minutos
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Peter Bogdanovich
GUIÓN: Larry McMurty y Peter Bogdanovich,
basado en la novela de McMurty
PRODUCCIÓN: BBS/Last Picture Show
(Stephen J. Friedman)
FOTOGRAFÍA: Robert Surtees (blanco y negro)
MONTAJE: Donn Cambern
DIRECCIÓN ARTÍSTICA: Walter Scott Herndon
MÚSICA: Varias grabaciones de los años 50
INTÉRPRETES: Timothy Bottoms (Sonny Crawford), Jeff Bridges (Duane Jackson),Cybill Shepherd (Jacy Farrow), Ben Johnson (Sam El León), Cloris Leachman (Ruth Popper), Ellen Burstyn (Lois Farrow)
GÉNERO: drama // años 50 / vida rural / adolescencia




ARGUMENTO

Año 1951. Anarene es un pequeño pueblo de Texas condenado a la decadencia y el olvido en el que vive una galería de sufridores: Billy, el introvertido huérfano sordomudo del que todos se ríen, que pasa del día barriendo las polvorientas calles como un autómata; Sam "el León", un viejo cowboy que en su senectud regenta los oscuros billares y el desconchado cine de la localidad donde se proyectan antiguos clásicos; Genevive, la camarera de vuelta de todo condenada a pasarse la vida sirviendo hamburguesas a su escasa y hambrienta clientela; Lois Farrow, la amargada esposa casada con el petrolero rico de la zona, cuya única hija, Jacy, experimenta una vida desordenada en lo relativo a los placeres carnales tratando de evitar el tedio amoroso de su progenitora; y Ruth, la infeliz esposa del entrenador del equipo de fútbol del instituto, condenada a la soledad y la depresión crónica de la menopausia. Alrededor de este elenco de perdedores se mueven Sonny y su amigo Duane, dos adolescentes sin ningún porvenir que, sin embargo, conservan una gran amistad y una visión descontaminada de la vida. Sonny canaliza su educación sentimental en la figura de Sam, al que reconoce como su mentor, mientras se ocupa de Billy como si fuese su hermano. Duane trabaja como pocero y sueña con casarse algún día con su novia, Jacy Farrow, sin sospechar que para la caprichosa joven él es sólo un divertimento pasajero.

Un buen día, Sonny comienza una relación furtiva con Ruth, la mujer del entrenador, veinte años mayor que él. Mientras la aventura dura, el muchacho se siente feliz, aunque consciente de su evanescencia. Las cosas se complican cuando Sam muere repentinamente y Jacy abandona a Duane de forma caprichosa para liarse con otro joven con más futuro. Entonces la sensual rubia engatusa a un embobado Sonny hasta conseguir casarse con él en secreto como medida de rebeldía contra la voluntad de sus padres. El episodio, además de la desesperanza de Ruth, genera una pelea entre los dos amigos que solo se saldará cuando tiempo después acudan juntos a ver la última película que el cine proyecta antes de su anunciado cierre, justo el día anterior a la marcha de Duane a la guerra de Corea. El mundo parece desmoronarse para Sonny cuando un desgraciado atropello acaba con la vida de Billy. Confuso y maltrecho emocionalmente, no es capaz de huir del pueblo y termina encaminando sus pasos hacia la casa de Ruth en busca del perdón y el cariño que un día tuvo.



COMENTARIO

Peter Bogdanovich (Nueva York, 1939) es, además de responsable de una veintena de largometrajes entre los que se halan algunos de estimable calidad, un cinéfilo compulsivo que ha escrito algunos de los ensayos pedagógicos de mayor difusión en torno a la obra de realizadores admirados como John Ford o Howard Hawks. Hijo de un matrimonio entre serbio y austriaca huido del nazismo, en los 50 se desmpeñó como actor de teatro y televisión, programador de películas en el MOMA y crítico de cine. Su gran oportunidad se la dio Roger Corman al producirle su primer film, Viaje al planeta de las mujeres prehistóricas (Voyage to the Planet of Prehistoric Women, 1967). Su posterior maduración en el oficio se confirma en El héroe anda suelto (1968), pero su consagración como cineasta se la debe, sin ninguna duda, a su siguiente trabajo: La última película. Esta se filmó en once semanas en la ciudad natal de McMurtry (Archer City), que inspiró el libro, en un ambiente tenso en el que el realizador se relacionaba exclusivamente con los actores desatendiendo al resto del equipo. El montaje lo llevó a cabo el propio Bogdanovich trabajando durante seis meses en su casa de California, pero, no queriendo acaparar protagonismo en los créditos, el realizador adjudicó este mérito al montador Donn Cambern, a pesar de que únicamente se había ocupado de unos retoques finales.

La última película es, ante todo, un hermoso film poético arrollador en su propuesta emocional.  El tratamiento fotográfico en blanco y negro, unido a la brillante puesta en escena de corte naturalista que Bogdanovich emplea, arropa muy bien la mirada crepuscular que orquesta sus imágenes. Si se resiente en el plano argumental, ello se debe únicamente a su obligada condensación del material literario original y su renuncia a casi media hora de metraje por exigencia de sus productores. Sin embargo, su diáspora de tramas no supone merma alguna para que el aparente folletín de personajes que disecciona trascienda hasta convertirse en una bella metáfora de la América previa a la guerra fría. Más allá de su condición de drama bien dirigido, el tiempo ha macerado el film, viéndose ahora como una certera radiografía audiovisual sobre el tránsito hacia la madurez y un ejemplo de lo que el Nuevo Hollywood proponía como alternativa al cine pretérito.

Es justo adjudicar una gran parte de sus méritos al trabajo actoral, un aspecto que el director estimuló mucho durante el rodaje, consciente de la delgada línea que separa la verdad del esperpento. Todos ellos, sin excepción, se elevan por encima de lo que los pulsos dramáticos de sus escenas exigen para regalar, con la ayuda de Bogdanovich, momentos inolvidables al espectador: el montaje de cortes que arma el striptease de Jacy en el trampolín de la piscina, la instintiva reacción de Sonny ante la absurda y cruel muerte de su amigo Billy rodada en plano secuencia, o la lírica historia que Sam relata a su pupilo con el lago protagonista de fondo -brillantemente reforzada por un elegante travelling de avance y retroceso- son ejemplos representativos de un film trufado de aciertos formales.

En el plano tematico, La última película homenajea la cinefilia clásica tan del agrado de su responsable al utilizar el cine de la localidad como el último paraíso perdido de la inocencia. La proyección de Río Rojo (Red River, Howard Hawks, 1948) que comparten los dos protagonistas antes de su separación y la clausura definitiva del local son utilizadas como una representación simbólica de un tiempo extinto que ya nunca volverá. Dejada atrás la dulzura de la juventud, el mundo adulto se presenta agridulce y complejo: las relaciones sexuales plenas no proporcionan la felicidad anhelada y el compromiso no es un equivalente del amor. Además de conseguir tres BAFTA, una decena de premios internacionales y dos Oscar, las críticas que recibió fueron excelentes. Fue el comienzo de Cybill Shepherd en el cine y el catalizador para su relación sentimental con Bogdanovich. Atendiendo al resto del reparto, muchas de las entonces jóvenes promesas del cine independiente -Timothy Bottoms, Ellen Burstyn y Jeff Bridges- encontraron en La última película una oportunidad para hacer despegar sus carreras.

→ Fue el actor Sal Mineo quien aconsejó a Bogdanovich que leyera el libro homónimo escrito por Larry McMurtry, sin sospechar que finalmente el propio escritor de la novela sería co-guionista de la versión cinematográfica, necesariamente menos densa que la literaria al condensar su acción dramática en un año trascurrido entre 1951 y 1952. La rica banda sonora empleada se abasteció exclusivamente de música de la época y fue utilizada siempre, por orden de Bogdanovich, de forma diegética. Orson Welles sugirió a Bogdanovich que, para obtener mayor profundidad de campo, rodara el film en blanco y negro, lo que además ayudaría a mejorar las interpretaciones y reflejar el tono lánguido de la historia.

LOS SETENTA - La naranja mecánica

TÍTULO ORIGINAL: A Clockwork Orange
AÑO: 1971
DURACIÓN: 136 minutos
PAÍS: Reino Unido (y Estados Unidos)
DIRECTOR: Stanley Kubrick
GUIÓN: Stanley Kubrick, basado en la novela homónima de Anthony Burgess
PRODUCCIÓN: Stanley Kubrick para
la Warner Bros y Hawk Films
FOTOGRAFÍA: John Alcott (Warnercolor)
MONTAJE: Bill Butler
MÚSICA: Wendy Carlos, Erika Eigen
INTÉRPRETES:Malcolm McDowell (Alex), Warren Clarke (Dim), James Marcus (Georgie), Michael Tarn (Pete), Philip Stone (padre), Sheila Raynor (madre), Michael Bates (jefe de la prisión), Godfrey Quigley (capellán de la prisión), Miriam Karlin (señora de los gatos), Clive Francis (el arrendatario), Patrick Magee (Frank Alexander), Adrienne Corri (señora Alexander)
GÉNERO: ciencia ficción / drama // crimen / thriller psicológico / película de culto



ARGUMENTO

Alex es el joven jefe de una extravagante banda de delincuentes callejeros. Él y sus tres "drugos" preparan la noche en un bar donde solo se bebe leche (aderezada con alguna que otra sustancia). Ya en la calle, en un lugar incierto en un tiempo futuro indefinido, estos clasistas y violentos muchachos estrenan sus sesiones violentas de diversión propinando una paliza a un mendigo. La hazaña de esa noche de otro grupo de pandilleros es la violación de una chica en el escenario de un casino abandonado, ocasión que aprovechan las dos bandas  para pelearse entre sí. Conducción temeraria para continuar la noche y ataque a un matrimonio en su casa, con violación de la mujer, son las siguientes acciones nocturas. Tomando una última copa de nuevo en el mismo bar, se descubre la pasión de Alex por la Novena sinfonía de Beethoven, música que suele oír para descansar. Despreciado por sus compañeros de banda, una noche intentan el atraco de la mansión de la señora de los gatos, a la que Alex mata. Agredido a su vez por los compañeros, la policía lo detiene y, tras ser apaleado, ingresa en la cárcel. 

Allí se dedica a la lectura, y su buen comportamiento y su acercamiento al capellán de la prisión lo llevan a solicitar voluntariamente sometere al método Ludovico de modificación de la conducta. Quiere ser bueno y se arriesga al peligro que supone este tratamiento fuera de la cárcel. En el centro Ludovico, con camisa de fuerza, le obligan a ver películas con escenas violentas hasta que consigue asociar dolor y malestar personales con violencia física y agresión sexual. Tras el éxito del tratamiento vuelve a su casa como un joven educado, pero no puede quedarse allí por el rechazo de sus padres. En su deambular tropieza con dos de sus antiguos "drugos", ahora policías, que le dan una paliza. Buscando ayuda, termina en la primera casa que atracaron. El marido, que sobrevivió al ataque aunque en silla de ruedas, le prepara la venganza de provocarle exasperación a través de la música de Beethoven, que ahora no soporta, hasta conseguir un intento de suicidio arrojándose al vacío por una ventana.

Ya en el hospital, es visitado por el ministro, acusado de poner en práctica métodos de tortura, con quien se hace fotos de conveniencia para la prensa, momento en que, al sentirse protagonista, recupera su instinto natural tendente a la violencia, demostrando la ineficacia del tratamiento.



COMENTARIO

Adaptación de una novela de 1962 sobre la que se han producido múltiples alteraciones de personajes y sucesos. El fondo temático del film muestra una crítica del conductismo como método de terapia que propone asociar al malestar físico el comportamiento violento, idea procedente ya de la novela. Para conseguir ese efecto más reforzado aún, Stanley Kubrick no incorpora el últmo capítulo del relato, donde el joven se reinserta y reconduce su comportamiento, tal como se publicó en la edición estadounidense. La rareza de los personajes no resulta extraña en la filmografía de Kubrick, quien llega a La naranja mecánica tras década y media de trabajo como cineasta, con películas inquietantes e incluso incómodas para el espectador y la crítica. No solo aborda temas perturbadores; lo hace también con una especial forma de visualizar y de ofrecer una mirada insólita en muchos casos, decidido y atrevido probador de todos los recursos innovadores que las nuevas tecnologías ponen al alcance del realizador de cine.

Año bélico y violento donde los haya, junto a Johnny cogió su fusil (Dalton Trumbo) o Perros de paja (Sam Peckimpah), La naranja mecánica puede engañar a primera vista. El primer plano muestra ya la rareza de la vestimenta del personaje principal y sus compañeros: con la pestaña postiza y el bombín, vestido de blanco, con tirantes, botas militares y suspensorio, la caracterización de los personajes es, sin duda, una de las bazas fuertes del film, secundada además por una interpretación actoral que convierte a Alex, a su tutor del correcional o a sus propios padres, además de a los "drugos", en seres de ficción muy cercanos a la máscara cínica, personajes histriónicos y ridículos, con su jerga extraña.

La excusa de la localización de la historia en un momento del futuro da la oportunidad al realizador de hacer de la puesta en escena igualmente otra de las cartas de identidad de la cinta. La extrañeza se produce en la alternancia de lugares post-holocausto, sucios, desvencijados, con interiores de decorados psicodélicos capaces de alternar colorido con monocromatismo o modernidad popartística con máquinas de escribir antiguas. La crítica ha incidido siempre en lo experimental de este trabajo de Kubrick, no obstante hay que hacer notar que las ralentizaciones y acelerados de la imagen y el juego del tiempo narrativo que ello supone, no son elementos suficientes para hablar de esperimentación o técnica de videoclip.

La realización de la película, de hecho, no es especialmente llamativa; no sucede así con todo lo relacionado con la puesta en escena. Se trata de un film rompedor en cuanto a estética, destacando sobre todo la fotografía, que realza elementos del decorado ya de por sí llamativos: el pene de adorno de la casa de la señora de los gatos, con el que es asesinada, las humillantes mesas-mujer del milk-bar, la decoración feliz de la cocina de la casa de Alex. A pesar de lo llamativo de todos estos elementos, el mensaje de fondo no se pierde, muy al contrario. Las palabras del capellán de la cárcel, cuando asevera que es mejor ser malo por voluntad propia que no bueno sin convicción y por obligación, revelan esa crítica patente de la deshumanización del método Ludovico que se aplica al joven, y que es el correlato cinematográfico del conductismo. La bondad inducida es tan criticada como el cinismo evidente de los jóvenes, capaces de cantar Singing in the rain mientras violan y asesinan, pero también la del ministro al hacerse la foto de prensa con el chico a pesar de fomentar ese tipo de tratamientos, situando al mismo nivel la crueldad perversa de los jóvenes delincuentes con la de los poderes fácticos, cuyo momento extremo es el de la escena de la camisa de fuerza y los ojos forzados a mantenerse abiertos a través de un mecanismo de enganches metálicos. Desde el punto de vista narrativo resulta convincente la construcción del relato a partir de un narrador autodiegético, el propio Alex contando su historia como narrador consciente, puesto que se refiere a sí mismo en la pantalla como "vuestro narrador".

Las continuas referencias sexuales y de violencia no favorecieron que la película consiguiera premios en la Academia de Hollywood ni en los Globos de Oro, aunque sí fue nominada a ambos. Muy censurada, La naranja mecánica fue retirada de los cines en Inglaterra a partir de un momento tras su estreno después de unas sesenta semanas, a petición propia de Kubrick, tras una serie de actos violentos, e incluso algún homicidio, sobre los que se rumoreó que estaban relacionados con la historia que cuenta el film. Solo fue reestrenada tras la muerte del cineasta en el año 2000, ya considerada como una película de culto, a pesar de haber sido calificada X en Estados Unidos.

→ La audición de la banda sonora musical de la película al completo resulta muy recomendable, sobre todo para poder apreciar cómo esa música, de presencia continua y agobiante en el film, fuera de él, separada de las imágenes que acompaña, resulta mucho más inocente. Ademas de las piezas clásicas conocidas, cuenta con una de las primeras ocasiones de uso de la música sintética, obra del compositor Walter Carlos. Son muchas las referencias a La naranja mecánica en otros productos de las industrias culturales, en otras películas, en canciones o videojuegos. Puede visionarse el capítulo especial de noche de brujas de Los Simpsons, donde Bart va vestido como Alex, o el capítulo en el que el señor Burns emplea el método Ludovico en su versión maltrato de animales. Algunos videoclips que recurren a elementos de la película son los de las canciones The universal, de Blur (de alto nivel de intertextualidad, donde se recrean escenas y escenarios), o Welcome to the Jungle, de Guns N'Roses. 

LOS SETENTA - Harry, el sucio


TÍTULO ORIGINAL: Dirty Harry
AÑO: 1971
DURACIÓN: 103 minutos
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Don Siegel
GUIÓN: Harry Julian Fink, R.M. Fink y Dean Reisner a partir de la novela de los dos primeros
PRODUCCIÓN: Don Siegel, Robert Daley y Carl Pingitore para Malpaso y Warner Bros
FOTOGRAFÍA: Bruce Surtees
MONTAJE: Carl Pingitore
DIRECCIÓN ARTÍSTICA: Dale Henessy
MÚSICA: Lalo Schifrin
INTÉRPRETES: Clint Eastwood (Harry Callahan), Reni Santoni (Chico), Harry Guardino (Bresier), Andy Robinson (asesino), John Mitchum (DeGeorgio), John Larch (jefe), John Vernon (alcalde), Mae Mercer (sra. Russell)
GÉNERO: thriller / acción // policiaco / crimen / asesinos en serie



ARGUMENTO

El film se abre con el primer plano de una placa de un monumento real: "En homenaje a los oficiales de policía de San Francisco que dieron sus vidas en el cumplimiento de su deber", con los nombres de todos los muertos desde 1878 a 1970. Inmediatamente, un francotirador abate de un tiro, desde una colina, a una chica que se está bañando en la piscina de un hotel. Es el mismo asesino que está sembrando el terror en la ciudad y pide cien mil dólares en una nota enviada a las autoridades: "Mataré una persona cada día hasta que me los paguen. Si no tengo noticias de ustedes, tendré la satisfacción de matar a un sacerdote católico o a un negro". El alcalde decide pagar pero, al mismo tiempo, la policía despliega todos sus recursos para evitar nuevos asesinatos.

El inspector Harry Callahan, a quien han asignado el caso, no está de acuerdo con el alcalde pero ha de acatar las órdenes de sus superiores y aceptar también un compañero que le ayude. El asesino anuncia ahora que ha enterrado viva a una niña de catorce años y la dejará morir si no le pagan doscientos mil dólares. Harry es el encargado de llevarle el dinero a un parque público. Consigue capturarle hiriéndole en una pierna. La niña ya está muerta, pero la justicia absuelve al criminal porque dictamina que el policía ha vulnerado sus derechos constitucionales por supuestamente haberle torturado. El asesino paga a un matón para que le dé una paliza y después acusa a Callahan de haberle maltratado, lo cual, aireado por la prensa, provoca el rechazo de la opinión pública en contra del policía y también de sus superiores, que no creen en su inocencia. Saltándose las órdenes, Callahan persigue al asesino, que ha secuestrado un autocar escolar. Harry libera a los niños y le mata y, después, tira asqueado su placa de policía a la bahía de San Francisco.


COMENTARIO

Este título representa el punto de partida de uno de los personajes más representativos de la evolución de la ideología de Clint Eastwood desde los años setenta hasta finales de los ochenta. Lo encarnaría en cuatro filmes más, todos ellos producidos por su compañía, Malpaso, y le serviría para configurar los rasgos más característicos de protagonistas de algunas de sus futuras películas como director. Su aportación al personaje resulta decisiva, aunque únicamente figure acreditado como actor. Eastwood había comprado a Harry Julian y Rita M. Fink los derechos de su novela Dead Right, basada en los crímenes del llamado Asesino del Zodíaco, qu, en el momento de su publicación, estaba aterrorizando con sus sádicos asesinatos en la bahía de San Francisco. Hoy día, el caso continúa sin resolverse y desde entonces ha inspirado diversos filmes, entre ellos El asesino del Zodiaco (David Fincher, 2007).

Eastwood le dio la dirección a su amigo y mentor Don Siegel, artífice de obras de acción como The Big Steal (1949), Riot in Block II (1954), Código del hampa (The Killers, 1964) y Brigada homicida (Madigan, 1968), después de haber creado la obra maestra del fantástico La invasión de los ladrones de cuerpos (1956). Eastwood reconoce que, junto con Sergio Leone, Siegel fue el hombre que más le ha enseñado a hacer cine. Director eficaz y austero, de gran eficacia narrativa, en sus películas nunca sobra ni falta nada. Todo está perfectamente calculado y llega hasta el espectador de forma directa a través de la sencillez más absoluta. Harry, el sucio resulta paradigmática para definirle.

Siegel realizó el film de forma parecida a la de ese subgénero de asesinos en serie que surgían como setas en los neo-noirs de la época, capitaneados por El estrangulador de Boston (1968) y El estrangulador de Rillington Place (1971), ambas de Richard Fleischer, o El héroe anda suelto (Targets, Peter Bogdanovich, 1968). Una de las novedaddes de esas películas era que el espectador conocía la identidad del asesino desde el primer momento y, en nuestro caso, este hecho facilita la atención a las escenas de acción repletas de extrema violencia, que, a diferencia de lo que suele suceder a menudo, no son gratuitas sino que están calculadas justamente para describir al protagonista y a su entorno. Son absolutamente funcionales y, aparte de su espectacularidad, sirven para desarrollar la tesis de la película: los criminales se burlan de la ley porque saben cómo moverse en los límites de sus derechos constitucionales. El arranque y el desenlace encierran una indiscutible meditación sobre el profundo desencanto de los autores sobre las fuerzas policiales a través de un film de género, todo ello aderezado con las habituales escenas de los thrillers realizadas con absoluta eficacia por Siegel. El personaje elevó definitivamente a Eastwood al estrellato.

Las críticas se dividieron radicalmente. Unas lo condenaban argumentando que ensalzaba el fascismo y el poder de la policía, mientras que otras lo saludaban entusiásticamente porque decían que reflejaba los problemas y frustraciones de los policías y denunciaba las insuficiencias de la justicia. Esta gran controversia repercutió favorablemente en la parte comercial. La aceptación del público fue apoteósica. La prestigiosa Pauline Kael la tildó de fascista, opinión compartida por otros críticos, abriéndose un apasionado debate sobre los límites e insuficiencia de la ley y la justicia en una democracia avanzada.

Siegel declaró que no estaba de acuerdo al cien por ciento con el personaje pero que había llegado un momento en que se debían llamar las cosas por su nombre, y que efectivamente Harry era racista y reaccionario, pero que no procesar al psicópata por insuficiencias o argucias legales era intolerable. Eastwood, que siempre se consideró un liberal, escribió que el film se trata de un hombre solo que lucha contra la burocracia y que "no es un hombre que defienda la violencia, sino un hombre que no puede entender la sociedad que tolera la violencia", señalando también que él tenía muy poco en común con el personaje pero que le servía para exponer sus ideas sobre la realidad que le rodeaba. Lo curioso es que la opinión de muchos críticos fue cambiando de forma radical con el paso del tiempo y resulta evidente que su lectura política no puede ser la misma que la de los que surgieron posteriormente capitaneados por El justiciero de la ciudad (Death Wish, Michael Winner, 1974), los llamados films de vigilantes. Quizá resulte un film ideológicamente ambiguo, abierto por ello a infinidad de lecturas, pero nunca puede tildársele de fascista.

→ El personaje de Harry nació en el momento oportuno y ello explica parte de su gran éxito en taquilla. Los datos oficiales son sobrecogedores: entre 1960 y 1970 los actos criminales aumentaron en Estados Unidos un 144%, produciéndose un delito violento cada 48 segundos, una violación cada 14 minutos y un homicidio cada 36 minutos. Miami ostentaba el récord pero a continuación se sitúa San Francisco -la ciudad de Harry Callahan-, donde se contabilizan más de 5.000 crímenes por cada 100.000 habitantes. Existía un clima de temor incrementado por la ineficacia y la corrupción de la justicia. Gran parte de los ciudadanos pensaba que la administración Nixon empeoraba la situación por no actuar con dureza con los criminales, muchos de los cuales (ls que tenían abogados influyentes y sin escrúpulos) conseguían eludir la justicia beneficiándose de la ambigüedad de las leyes y de su generosa aplicación por los tribunales.

lunes, 19 de agosto de 2013

LOS SETENTA - Harold y Maude


TÍTULO ORIGINAL: Harold and Maude
AÑO: 1971
DURACIÓN: 91 minutos
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Hal Ashby
GUIÓN: Colin Higgins
PRODUCCIÓN: Colin Higgins y Charles Mulvehill para Paramount
FOTOGRAFÍA: John A. Alonzo (C)
MONTAJE: William A. Sawyer y Edward Warschi
MÚSICA: Cat Stevens
INTÉRPRETES: Ruth Gordon (Maude), Bud Cort (Harold), Vivian Pickles (señora Chasen), Charles Tyner (el tío Victor), Cyril Cusack (el escultor Glaucus), eric Christmas (sacerdote), G. Wood (psiquiatra), Ellen Geer (Sunshine Doré)
GÉNERO:
comedia / drama // comedia negra / comedia dramática / amistad / vejez / película de culto





ARGUMENTO

Harold es un joven adinerado que vive con su madre y está obsesionado con la muerte. Para llenar su desocupada vida se dedica a fingir suicidios y a asistir a funerales y entierros de personas que no conoce. Su madre no le hace mucho caso y, aunque parece acostumbrada a los falsos suicidios de su hijo, está harta de sus rarezas. Intenta que se normalice y para ello acude a psiquiatras y a un familiar militar para que hable con el chico; intenta incluso alistarlo en el Ejército. Como nada da resultado, decide buscarle una novia y no duda en acudir a una moderna agencia para elegir la mejor esposa por ordenador. Harold, por su parte, conoce a Maude, una mujer que pronto cumplirá 80 años y que también asiste a entierros y funerales. Los dos congenian bien y el joven descubre el mundo con ella. Maude es un espíritu libre que busca experiencias nuevas cada día y siente la necesidad de vivir intensamente cada instante. Entre ambos surge el amor y a pesar de la diferencia de edad y del entorno familiar el joven quiere casarse con ella. Maude también quiere a Harold pero cree que los 80 años es la edad perfecta para morir: no parece que haya tiempo para casarse.



COMENTARIO

Cuando se estrena la película, Estados Unidos vive un momento crítico, su forma de vida y sus ideales se tambalean. Los jóvenes soldados americanos siguen muriendo en Vietnam, mientras que la población reclama el fin de una guerra que ya se ve perdida y que supone un duro golpe para el orgullo americano. El movimiento hippy todavía tiene fuerza y, aunque ha empezado su declive, su estética y sus consignas pacifistas siguen teniendo vigencia. En mayor o menor medida, todos estos acontecimientos, aunque indirectamente, forman parte de este insólito film, el segundo de Hal Ashby. Ashby es conocido en el mundo del cine por su trabajo como montador, donde ha adquirido un considerable prestigio, especialmente después de obtener un Oscar de la Academia por el montaje de El calor de la noche (In the Heat of the Night, Norman Jewison, 1967); cuenta ya cuarenta años cuando emprende el camino de la dirección con un título que no se estrena en España, The Landlord (1970), un film con cierto éxito que inaugura la mejor década en su carrera como director, que cuenta con títulos como Shampoo (1975), El regreso (Coming Home, 1978) y Bienvenido Mr. Chance (Being There, 1979). La posterior década es más que irregular y sus filmes pierden la originalidad de los comienzos. Su último film es Ocho millones de maneras de morir (Eight Million Ways to Die), realizada en 1986, dos años antes de su muerte en Malibú.

Lo único convencional en este film es el título, Harold y Maude; a partir de ahí nada es lo que debería ser. El guión de Higgins invierte totalmente los papeles y los códigos habituales de conducta de nuestra sociedad. El joven veinteañero viste como un rancio y oscuro "señor", sigue las normas escrupulosamente y evita la confrontación directa con cualquier tipo de autoridad. Mientras que la anciana octogenaria rebosa vitalidad, se rodea de colorido y viste prendas desenfadadas; reivindica el pacifismo y la ecología, ella es quien se salta las normas y se enfrenta a la autoridad, ama la libertad mientras que el joven desconoce su significado. Es un mundo al revés: una hippy de ochenta años y un acomodado y aburrido burgués de veinte. El planteamiento de la historia de amor es también insólito y de nuevo hay una alteración absoluta de los códigos socialmente admitidos: el joven se enamora de la anciana de ochenta años. Todavía en los comienzos del siglo XXI la relación entre una mujer mayor y un chico joven suele considerarse como mínimo inapropiado y muy frecuentemente vergonzosa.

Sin embargo, la historia de amor entre el joven suicida y la hippy octogenaria es un pretexto que Asbhy utiliza para hacer un cuento de adultos en el que se mezclan toques de humor negro con situaciones insólitas y con unos personajes típicos y tópicos hasta rozar el absurdo. Para conseguirlo el director planifica cuidadosamente las tomas y el montaje, en el que Harold, tras comunicar a su madre el deseo de casarse con Maude, asiste a las sucesivas "recomendaciones" del Ejército, el psiquiatra y el sacerdote.

En primer lugar, está el poder militar: el general Ball (su tío) aparece en su escritorio enmarcado por las banderas y la fotografía de Nixon, que, a pesar de estar colgado detrás, el espectador percibe con más nitidez y mayor tamaño que el rostro del actor; su tío se ve en la obligación de informarle de que su matrimonio no parece "muy normal".

A continuación es el turno del psiquiatra, que, con la foto de Sigmund Freud de fondo, se esfuerza en explicar que, si bien es lógico que se sienta atraído por su madre, no puede entender que "se enamore de su abuela". De nuevo, cambio de plano y ahora tenemos la moral cristiana representada por el sacerdote, igualmente sentado en un escritorio pero flanqueado en esta ocasión por la fotografía del Papa. El religioso hace esfuerzos por contener las náuseas mientras explica que imaginar el contacto sexual con un cuerpo viejo le resulta repugnante; parece que va a vomitar al espectador, especialmente porque el zoom termina con un primer plano del sacerdote. El aderezo lo proporciona la música de Cat Stevens, que da un aire festivo a toda la cinta y que otorga un aire de comedia a planos y secuencias -cementerios, entierros- que con otra banda sonora serían muy dramáticos.

Con el paso del tiempo se ha convertido, para algunos cinéfilos, en una película de culto, pero es un calificativo que se podría discutir mucho. A pesar de lo exagerado de los tópicos que aparecen en la cinta, su crítica irónica sigue teniendo sentido porque ciertos tabúes siguen inmóviles -la muerte, el amor y la belleza de la vejez-, y las instituciones parodiadas todavía mantienen su cuota de poder en la sociedad actual. Tuvo una acogida modesta entre el público, pero la dirección despertó interés e impulsó la carrera de Hal Ashby. Ruth Gordon (encantadora interpretación) y Bud Cort fueron nominados para los Globos de Oro estadounidenses. En España fue vista por más de 300.000 espectadores y su original historia consiguió la Espiga de Oro en la Seminci de Valladolid.


→ Como otros directores, Hal Ashby juega con su público y hace una fugaz aparición en pantalla, mirando el tren eléctrico en la feria donde un barbudo personaje muy a tono con la estética hippy se interpone entre los dos protagonistas: es el propio director. Aunque no es habitual encontrar una historia de amor de este tipo en el cine, se ha utilizado frecuentemente la idea del joven inexperto seducido por la mujer con experiencia. En este sentido encontraremos un título de Robert Mulligan del mismo año, 1971, Verano del 42 (Summer of 42) aunque, sin ninguna duda, la más conocida es El graduado (The Graduate, Mike Nichols, 1967).
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